Hernán Cortés, R.P. José Macías, S.J.
Hernán Cortés, R.P. José Macías, S.J.
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Toda guerra tiene carácter trágico, menos la que Hernán Cortés se ve obligado a emprender para conquistar a México. Esta guerra tiene carácter de Pentecostés, porque en ella baja en tempestad de fuego el Espíritu Santo: sobre los conquistadores para que ofrezcan la vida por la "vera religión" y sobre los conquistados para que la acepten y que del abrazo de las dos razas nazca una nueva, cuyo tipo físico y espiritual será la mestiza Virgen de Guadalupe, obra la mas pura de la hoguera del corazón de propio Espíritu.
Cortés y sus soldados matan, sí, pero sólo a los guerreros que se oponen al firme propósito de arrebatarle al infierno lo que éste creía ser su heredad propia, porque Cortés nació más que para crear Imperios para algo infinitamente superior : para crear Cristiandades.
Como quiere y debe ampliar enormemente el Reino de la Iglesia, más que al Apóstol Santiago, Patrono de España, Cortés invoca y se encomienda con toda el alma a la Virgen Inmaculada y a San Pedro, porque sabe que Ella es la Madre de la Iglesia y que su gobernalle no lo suelta el Apóstol San Pedro desde que Cristo en persona se lo confirió.
